Inventa una metamorfosis

Soy Anayra, diosa de la sabiduría y el conocimiento. Y voy a contar mi historia . Soy hija de Hades y Perséfone, dioses del inframundo. Como era hija única, tras el retiro de mis padres, el Dios Zeus me dio la oportunidad de ser la diosa suprema del subsuelo, pero con una condición, nunca me podría enamorar, acepté sin pensarlo y el inframundo acabó siendo mío. Ate, Diosa de la maldad, quería arrebatarme toda mi posesión, por eso, todos los días me ponía una tentación, yo las superaba sin dificultad hasta que un día caí. 

Estaba en mis aposentos dándome un baño como hacía cada tarde, cuando de repente vino uno de mis guardas y me avisó que tenía visita, inmediatamente, me puse mi vestido de seda y fui a ver de quien se trataba. 

Era una chica, me quedé impresionada cuando intercambiamos miradas, nunca me había sentido tan atraída hacia una persona, tenía el pelo rizado, tan largo y rosado como las lágrimas de Jacinto. Me pareció una ninfa por toda la belleza que poseía. Hablé con ella y me dijo que se llamaba Psique y que era una humana mortal que venía en busca de un poco de mi belleza para recuperar a su amado, que era el Dios Cupido. Sentí celos por aquel del que ella estaba enamorada, así que acepté pero con una condición, la cual era que tenía que quedarse a mi lado un mes y pasado esos días se la daría sin ningún problema. 

Cada día le enseñaba todos los maravillosos lugares que escondía mi reino y le resolvía todas sus dudas sobre él. Era tan curiosa que cada vez que le mostraba algo nuevo, la veía sonreír y cada vez me sentía más atraída hacia ella. La fui conociendo, me contó anécdotas de su infancia, también cómo había conocido a su amado, había traicionado su confianza y ahora intentaba recuperarla cumpliendo unos retos que le ponía la madre de Cupido. Yo también le conté cómo había sido mi vida pasada, antes de ser la diosa del inframundo y como lo era ahora. Le fui abriendo mi corazón y sentía que era mutuo. 

El día de antes de que se fuera, estábamos sentadas en la terraza viendo el atardecer entre las llamas que salían del suelo. Fui a buscar el cofre en el que la noche anterior le había puesto un poco de mi belleza y se lo di, ella me lo agradeció y le confesé que me había sentido atraída hacia ella desde el primer día que llamó a la puerta del palacio, ella como respuesta me abrazó pero no dijo ni una sola palabra. Cuando ya se había escondido el sol, nos fuimos cada una a nuestro aposento. 

A la mañana siguiente, fui a buscarla y no la encontré por ninguna parte, se había ido con mi belleza, solo encontré una nota en la que decía: lo siento por irme sin avisar, pero iba a ser muy doloroso para las dos si me hubiera despedido, yo también me había sentido atraída por ti y tuve sentimientos que nunca tuve con mi amado, pero ya lo traicioné una vez y no puedo hacerlo otra más, lo siento. Después de leer esa nota lloré, lloré día y noche, lloré mares y ríos, y ahí me di cuenta que me había enamorado y lo peor aún, no había cumplido mi promesa con el Dios Zeus. 

A la mañana siguiente, seguía llorando, no podía parar. Estaba tumbada en la cama cuando los guardias vinieron a decirme que tenía visita otra vez, con la esperanza de que fuera Psique fui, y no la vi por ninguna parte, al que vi era al mismísimo rey de los Dioses, el Dios Zeus. Me dijo que no había cumplido mi promesa y que merecía un castigo. Yo acepté, acepté porque dolería menos que tener un corazón rota toda la eternidad..

Zeus hizo que mis lágrimas se convirtieran en fuego, pero un fuego líquido y yo me fui desvaneciendo hasta convertirme en ese mismo líquido. Y Zeus lo llamó lava.

Francis J. Martínez (1ºBAC)

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